Divide y vencerás; pero al enemigo

Ayer en la Asamblea del día 10, escuché con sorpresa y disgusto la exposición que hacía una compañera de Toma la Plaza sobre DRY, explicando las diferencias que nos separan de ellos. Al parecer, según la compañera argumentó, DRY y Toma la Plaza se rigen por principios organizativos incompatibles, siendo para los primeros de carácter vertical, y para los segundos de carácter horizontal. Yo, sinceramente, desconozco los puntos que ella alegó, pero me resultó sorprendente que expusiera que DRY es un movimiento jerárquico y vertical, en lugar de asambleario. Para más inri, esta compañera de Toma la Plaza, se quedó más ancha que larga cuando afirmó que los compañeros de DRY acudían a la plaza con el objetivo de captar a más personas. Ante tal comentario, una compañera de DRY que se encontraba en la plaza y que había estado informando en la asamblea anterior, decidió marcharse.

En primer lugar, más allá de questionar la veracidad de sus comentarios, lo que realmente importa es que es mucho lo que une a DRY y a Toma la Plaza. Tenemos un fin común, y este es la transformación de la sociedad, política, económica y social, y la recuperación de valores humanos perdidos. Esto me parece un vínculo de unión lo suficientemente sólido para neutralizar rencillas personales que he percibido por parte de algunos de los compañeros de Toma la Plaza con respecto a DRY.

En segundo lugar, ¿cómo se puede decir que los de DRY van a la Plaza a captar gente? ¿No sería más indicado pensar que la Asamblea está abierta a todas las personas que quieran escuchar, expresarse y participar? El tono utilizado por esta compañera va en contra de nuestra propia filosofía. La asamblea es de todos y para todos.

Hagamos una reflexión sobre lo ocurrido.

Pilar Fatima

Indignada con los indignados

Hola a tod@s:

Esta tarde según vuestra convocatoria me he dirigido a la plaza del ayuntamiento, para dar mi apoyo a Grecia, a tod@s aquellos que lo están pasando mal y que en tantas ocasiones, han demostrado su apoyo al 15M de España. Se lo debemos compañeros por lo que están pasando y por su solidaridad con nosotros, por eso no he entendido que antes de ir al ayuntamiento, he pasado por la plaza y me he encontrado que había una reunión de Grupos y a mi pregunta de por qué no estaban en la plaza un compañero “MUY AMABLEMENTE” me dice que tienen una reunión muy importante, ante su impertinencia me he ido al ayuntamiento, pero me he preguntado qué cosa hay más importante hoy que nuestro apoyo a los miles de personas que están luchando y que siempre han estado con España desde que empezó el 15M, que cosa hay más importantes que reivindicar nuestros derechos y el resto de los derechos de otros ciudadanos, para que se crean los grupo y las comisiones, sino para salir a la calle a exigir nuestros derechos pisoteados, me he sentido indignada , como es posible que los propios compañeros, no sean capaces de entender esto. Una reunión se retrasa se aplaza, pero una manifestación NUNCA, hemos nacido para eso, para estar en la calle y luchar por nuestros derechos pisoteados.

Pilar Fátima Revuelta

Indignación y reacción frente a las mentiras de la crisis .- Miguel Ángel Luque Mateo

“Ha llegado el momento de tomar «decisiones valientes» para salir de la crisis. Hay que seguir recortando los gastos sociales, educativos y de investigación, disminuir las partidas sanitarias, paralizar la inversión pública, congelar las pensiones, rebajar el sueldo de los funcionarios, abaratar el despido, descafeinar la negociación colectiva, aumentar la edad de jubilación, destinar menos dinero a las personas dependientes y subir los impuestos. Todo ello, para reducir el déficit público como exige Europa y dar confianza a los mercados”.

Este es el discurso que las instituciones y los medios de comunicación nos quieren imponer. En las siguientes líneas expongo una visión distinta de la situación. Para ello, responderé a dos preguntas:

1ª ¿por qué tenemos un déficit público tan elevado? y 2ª ¿es justa la subida de impuestos?

Por último, señalaré varias vías de solución, desde la justicia.

Comenzando por la primera, diré que el alto nivel de endeudamiento de los Estados es consecuencia, en gran medida, de las millonarias ayudas públicas al sistema financiero otorgadas a escala mundial. Recordemos que, en 2008, España creó el Fondo de Adquisición de Activos Financieros para comprar a los bancos unos supuestos activos “no tóxicos”, por valor de 50.000 millones de euros; que, en 2009, se aprobó la creación del Fondo de Ordenación y Regulación Bancaria para sufragar, principalmente, los costes de las actuales fusiones e intervenciones de las cajas de ahorros, por un importe de 90.000 millones de euros y que, adicionalmente, se han aprobado avales al sistema financiero por importe de 334.800 millones de euros para garantizar sus operaciones financieras (esto último no debe confundirse con el fondo de garantía de depósitos para los ciudadanos). Todo ello se ha realizado con el beneplácito de la Comisión Europea, el Banco Mundial, el FMI, el Banco de España y el voto, casi unánime, del Parlamento español. En total, contando los avales, se ha aprobado la posibilidad de otorgar ayudas públicas a este sector por un importe de 474.800 millones de euros (aunque la ministra de Economía y Hacienda declaró que sólo se han utilizado unos 100.000 millones €), cifra muy millones € que ahorró la congelación de las pensiones contributivas.

Lógicamente, el Tesoro Público no disponía de ese dinero para dárselo a la banca. ¿De dónde ha salido entonces? Pues de la emisión de Deuda Pública (letras del tesoro, bonos y obligaciones del Estado), que, en definitiva, consiste en pedir dinero prestado, con el consiguiente aumento de nuestro nivel de endeudamiento. Piénsese que, en los tres últimos años, se ha incrementado la deuda española en circulación en 200.000 millones €.

Paralelamente a lo anterior, se nos exige subir los tributos, lo que parecería estar en sintonía con los Estados del bienestar más avanzados.

No obstante, entrando ya a responder la segunda cuestión planteada en este artículo, diré que no todos los impuestos son igual de justos. Hay algunos que, por regla general, hacen pagar más a los ricos (los directos, que recaen sobre la obtención de renta, los beneficios y la posesión de patrimonios) y otros que, normalmente, no respetan tanto lacapacidad económica (los indirectos, más centrados en el consumo).

Pues bien, en España y en resto de países de la UE, se están subiendo estos últimos, mientras que los primeros siguen bajando, incluso en plena época de crisis. Efectivamente, mientras han aumentado los impuestos sobre “las gasolinas” y “el tabaco” y se ha incrementado el IVA (sin efecto para las empresas y los ricos que operan a través de ellas, porque se lo deducen), se ha bajado hasta 10 puntos el tipo de gravamen del Impuesto sobre Sociedades (que hace tributar, por ejemplo, a las grades empresas y las entidades de crédito), se ha suprimido el Impuesto sobre el Patrimonio (que pagaban sólo los ricos), se ha reducido el tipo de gravamen a los banqueros y sus familiares, en importantes operaciones, y se ha creado un régimen fiscal privilegiado para que las empresas de alquiler de las entidades de crédito (SOCIMI) puedan arrendar los grandes patrimonios inmobiliarios con los que se han quedado. Lo más escandaloso de todo es que se ha mantenido el tipo de gravamen de las sociedades de inversión de las grandes fortunas (SICAV) en el 1% (frente al 45% al que puede llegar a tributar el común de los mortales).

Lo más triste e irritante de esta cuestión es que las personas y entidades verdaderamente ricas apenas pagan impuestos, porque tienen su dinero e inversiones en los paraísos fiscales, con total opacidad al fisco. De hecho, el 69 por ciento de las empresas del Ibex 35 opera en estos territorios. Según algunas estimaciones, en estos centros se mueven unos 12 billones de dólares, que generan, a su vez, unos 660 mil millones de beneficios, lo que supone una pérdida de recaudación fiscal de unos 250.000 millones de dólares. Y desde aquí operan los famosos “hedge funds”, responsables del ataque a las economías de la zona euro, como la española. Estos ingresos tributarios de los ricos y poderosos que se han disminuido o no llegan a las arcas públicas son otra de las causas de este déficit público.

Llegados a este punto, uno es consciente de la jugada maestra del capital. Durante años ha obtenido unos beneficios extraordinarios con la especulación de las hipotecas “subprime”, sin pagar casi impuestos, a costa del endeudamiento del sector privado; cuando el sistema se desmorona, consigue que el Tesoro Público salga a rescatarlo y le mantenga una fiscalidad privilegiada, con la ingenua promesa de reactivar el crédito a las empresas y los ciudadanos a los que tiene asfixiados. Y, por último, cuando los Estados se encuentran en una situación de debilidad, consecuencia del enorme esfuerzo que ha supuesto dicha ayuda, aprovecha la situación para colocarlos al borde de la quiebra y forzarlos a desmontar lo poco que queda del sistema de bienestar, empobreciendo injustamente a millones de personas, con la complicidad de las mismas instituciones no democráticas (Comisión Europea, FMI, Banco Mundial y Banco de España) que permitieron aumentar el déficit público en beneficio de la banca. Estos mercados, que tienen nombres y apellidos, se están frotando las manos con el nuevo ámbito de pastel que se abre con las privatizaciones (Loterías y Apuestas del Estado; AENA; etc.) y las reformas estructurales (planes de pensiones privados, agencias privadas de colocación, centros privados de sanidad y educación, etc.).

Algunas soluciones a esta situación, más allá de acciones individuales y testimoniales, como la colocación de nuestro dinero en la banca ética, pueden venir por varias vías: la lucha efectiva por la desaparición de los paraísos fiscales; la aprobación de una regulación de los mercados financieros que impida y obstaculice los ataques especulativos sobre nuestras propias economías; el establecimiento de un impuesto que grave las transacciones financieras, en el marco de un sistema tributario justo; la creación de una banca pública que canalice el crédito a las empresas y ciudadanos; la reforma de la ley electoral hacia un modelo más proporcional y que dote de representatividad al voto en blanco; la eliminación de los abusos bancarios en los préstamos hipotecarios (cláusulas suelo, seguros leoninos sobre tipos de interés, cobro único de primas de seguros obligatorios para varios años; exigencia de múltiples productos financieros, etc.), además de la supresión de los privilegios exorbitantes de la casta política, de forma que se les aplique a ellos lo que aprueban a los demás (piénsese que un parlamentario tiene una pensión máxima con 11 años y un día en el cargo y podría jubilarse a los 60 años, mientras que la mayoría de los trabajadores necesitará 37 años cotizados y se jubilará a las 67).

Éstas sí serían verdaderas decisiones “valientes” que podrían hacer cambiar este “mundo al revés”, en el que la clase media-baja asalariada paga los impuestos y los realmente ricos se llevan el dinero. En definitiva, se trata de cambiar este sistema criminal que cada día mata a 80.000 personas y condena a más seres humanos a la miseria.

Miguel Ángel Luque Mateo
Profesor de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de Almería

El ágora recuperada

Hemos reconquistado el ágora
Y recuperado la esencia de la plaza
Donde siempre se reunieron
Nuestros ancestros a verse las caras

No necesitamos grandes salones
Ni estadios ni cosos taurinos
La plaza pública es nuestro sitio
Aquí debatiremos nuestros asuntos
En este lugar sagrado aunaremos criterios
Y será declarado nuestro parlamento
Las cortes inalienables del pueblo

¡Escuchadlo bien!
Hemos ocupado pacíficamente las plazas
No vengáis con vuestras porras
A provocar el conflicto “ahora nos vamos
Pero conocemos el camino de regreso”

Rafael Campillo

Vídeo de Acampada Murcia que anima al movimiento 15M a realizar una autocrítica constructiva

Desde Acampada Murcia nos ha llegado un correo con un vídeo-montaje. Nos anima, desde el humor, a hacer una autocrítica constructiva:

“Parece que las dinámicas se repiten en todas la ciudades y no estamos tan lejos los unos de los otros. Muchos animos a todos. Paciencia y no tengamos miedo de debatir, cuestionarnos, replantearnos y seguir adelante. ”

http://www.youtube.com/watch?v=5ncGaPR3HxA

Banderas republicanas en la manifestación del 19J.- Propuesta

Yo, aún perteneciendo a la izquierda republicana, por convicción y por cuna, estoy totalmente de acuerdo en que no hay que aprovechar las manifestaciones en las que participe Toma la Plaza para exhibir símbolos ideológicos personales, que no representen al conjunto de la plataforma, y traicionan el proyecto común. Pero lo peor de todo es que esta situación es aprovechada mediáticamente para tachar al movimiento 15M de izquierdista, cuando en realidad aglutina y representa a distintas sensibilidades, hecho que le da mayor proyección y legitimidad. Es mucho más importante la voluntad que nos une de mejorar las cosas desde la unidad y el consenso, que las ideas particulares de cada uno, que nos separan. Es más, muchas veces las ideologías que separan a las personas unas de otras, precisamente, por basarse en ideas, suelen verse traicionadas por la realidad de los hechos. Yo, por ejemplo, siempre preferiré una monarquía benigna, o relativamente inocua, que una república que traicione a su pueblo (como, por ejemplo, la que durante tantos años ha sufrido el pueblo Argentino).
Siguiendo este criterio, de dejar la simbología ideológica personal de lado. Propongo que si en un futuro alguna plataforma, sindicato o partido decide adherirse a una manifestación convocada por nosotros, haciendo causa común. Lo haga bajo la aceptación de esta premisa: que no se haga exhibición del ideario personal.

Juan Nadie

LAS BANDERAS de LA DISCORDIA

El domingo, justo al comienzo de la manifestación hubo un pequeño incidente que sin duda pasó desapercibido por la mayor parte de los manifestantes. Incidente menor, o mejor, anécdota, pues se solucionó con la buena voluntad y el esfuerzo de todos.  Pero dado que se le dedicó  mucho tiempo de la asamblea del lunes siguiente, me parece oportuno escribir unas reflexiones sobre el particular.

Me refiero a aquellos manifestantes que enarbolaron una bandera republicana. Alquien se acercó a ellos para pedirles que la retiraran, pues el tema republicano no es el que estaba en juego, ni nadie había sido convocado allí para hacer profesión de republicanismo.  Los compañeros retiraron la bandera sin más problemas, cosa que dice mucho en su favor, y la manifestación siguió, como sabéis,  sin nada más que destacar, si no es la enorme participación ciudadana.

En la asamblea del lunes, al evaluar la retirada de estas banderas,  se aludió a la libertad de expresión. Yo creo que no es eso lo que está en juego. Nadie ha puesto en duda este derecho fundamental, pero en aquel momento, la bandera republicana sobraba, como sobraba cualquier otra  etiqueta de identificación.

No se trata de cuestionar el derecho a expresar republicanismo. Se trata simplemente de seguir las bases del movimiento al que nos hemos unido:  El 15M es apartidita, y pretende aglutinar al mayor número de ciudanados en torno a unas propuestas consensuadas. En ese sentido, sí que cuestionamos que la bandera republicana, o cualquier otro símbolo o “etiqueta” estuviera presente en aquel momento. Simplemente queremos ser eficaces, y aglutinar al mayor número de personas en torno a esta propuesta renovadora.  Imaginemos que nos dirigimos hacia los mirones y les gritamos: “No nos mires, únete”. Entonces quitemos todo aquello que pudiera provocar rechazo. Si nos dirigimos a un ciudadano afecto a  la institución monárquica, esa bandera le va a ahuyentar. Entonces, de qué se trata, ¿de buscar adeptos para  mi partido, movimiento, u organización, o de atraer  al mayor número de personas?

Se habló también sobre la forma de proponer estos criterios. ¿Obligatoriedad o no?.  Ciertamente  que buscamos el mayor consenso en  las decisiones tomadas.  Por supuesto  que no vamos a enfrentarnos entre nosotros. Pero si somos fieles a la propuesta inicial del 15M, hemos de seguir esta línea de apartidismo y, por consiguiente, se han de evitar las etiquetas.  No porque lo que haya detrás de ellas no sea digno, sino porque una manifestación de nuestro movimiento no ha de ser plataforma de lanzamiento  para ninguna organización . Por eso creo que se ha de seguir pidiendo con insistente suavidad  la clarividencia necesaria para buscar lo que nos une, en aras de la eficacia. Cuantos más seamos, más fuerza tendremos.  El hecho que en la asamblea del Lunes se estuviera discutiendo el particular, y no fuera el tema lo bien que había salido la manifestación, y, por añadidura, hubiera una cierta sensación de enfrentamiento  en vez de la euforia del éxito, demuestra que,  cuantas menos banderas, mejor. Entonces, en las manifestaciones, vamos a lo que vamos.  Lo demás sobra.