Apuntes sobre la noviolencia del 15-M

“la necesidad irreversible de destrozarlo todo

de destrozarlo todo

de destrozarlo todo y a todos

destrozar a los hombres

destrozar a las mujeres

destrozar hasta el destrozo total

pero eso sí

destrozar sin apariencia de destrozo

destrozar sin apariencia de destrozo alguno

destrozar a alguien y que este alguien siga intacto / aparentemente

destrozar sin destrozar es la mejor destrucción”

(Esteve Graset)

El 15-M es un movimiento noviolento. Es algo que está tan en su esencia que ni siquiera ha sido una decisión tomada en asamblea: va de suyo, se ha impuesto como una pura evidencia. No decidimos nuestro ADN, partimos de él.

Tan fuerte es esta “decisión no decidida” que nadie por ahora la ha contravenido, a pesar de las provocaciones, los desalojos, las palizas. (Hay otras “decisiones no decididas” que son de todxs conocidas: ser un movimiento horizontal, inclusivo, respetuoso, sin representación, no querer nada con siglas y con partidos políticos, etc.).

La noviolencia no significa noconflicto. Hemos ocupado plazas, nos hemos manifestado sin permiso, hemos bloqueado desahucios, hemos echado a la policía de los barrios… Es decir, la noviolencia del 15-M no es pasiva, no es acatamiento de la legalidad ni asunción de los términos convencionales de la política, sino que es activa, rebelde, desobediente y creativa.

La opción por la noviolencia no es una opción por rehuir el conflicto, sino por plantearlo en los propios términos, escogiendo los escenarios y marcando los ritmos.

De hecho, el 15-M ha podido hacer lo que otros movimientos más “radicales” llevan años intentando sin ningún éxito. Es cuestión de fuerza. El movimiento 15-M tiene la fuerza que otros movimientos no tuvieron.

¿Qué significa tener fuerza? Tiene fuerza quien puede alterar y modificar la realidad, cuestionar las agendas dominantes e im-poner los propios problemas, hacer ver lo que se quería ocultar y decir lo que está prohibido decir, transformar las vidas, los lazos y las vibraciones entre los seres humanos.

Violencia y fuerza no son sinónimos. La fuerza que unx tiene no se mide por el nivel de violencia que puede ejercer. La fuerza del 15-M pasa (entre otras muchas cosas) por su capacidad para acoger la pluralidad, llevar la iniciativa y ser imprevisible. Si el movimiento 15-M ha “decidido” ser noviolento es porque intuye muy claramente que las acciones violentas -agresión, intimidación o amenaza, disturbios y enfrentamiento con la policía- debilitarían esas tres claves de su fuerza.

El poder lleva buscando clarísimamente imágenes de disturbios desde el primer desalojo de Plaza Cataluña: son imágenes mil veces vistas que confirman todos los clichés que dividen y aislan a los que protestan del resto de la población. El movimiento ha sido súper-inteligente al desertar continuamente de los escenarios que nos preparan y en los que nos esperan. Nos salimos por la tangente. Resulta llamativo que desde el interior del movimiento todavía haya quien esté dispuesto a proporcionar al poder político y mediático las imágenes que está pidiendo para erosionar el apoyo social y la legitimidad ancha del 15-M.

Nos salimos por la tangente porque no queremos que nos empujen a la ya muy conocida espiral de represión/detenidos/heridos/miedo/rencor/reacción/campañas antirrepresivas, donde perdemos toda la iniciativa para seguir haciendo preguntas a la sociedad sobre cómo queremos vivir juntos, cómo queremos gobernamos, qué se hace con la riqueza que producimos entre todos, etc.

La violencia nos hace previsibles: refuerza las posiciones y los roles (policía represor/manifestante víctima). Llamar “hijo de puta” a un policía confirma la situación y el reparto de los papeles. Cada cual ya sabe quién es, qué identidad tiene y qué debe sentir hacia el otro. Seguramente no es algo muy grave, pero tampoco tiene nada de subversivo. Por el contrario, los gestos que hemos visto a menudo en las manifestaciones del 15-M de interpelar positivamente a la policía, con formas de comunicación irónica o empática, descolocan la situación: desconciertan, incomodan e inquietan, interrumpen los automatismos, cuestionan los clichés, hacen preguntas, cortocircuitan lo previsible, lo que cada cual sabe que tiene qué pensar, hacer y sentir.

Nosotrxs frente a la policía. La policía frente a nosotrxs. Es una imagen demasiado cómoda de lo que hacemos, es una línea de separación demasiado simple. Nuestra lucha no es así. El enemigo con el que nos batimos es una “lógica” que, en primer lugar, nos atraviesa a nosotros mismos (por ejemplo, en las mil decisiones cotidianas por las cuales sostenemos este sistema del que formamos todxs parte porque no hay ningún afuera). Hay una gran “potencia de humanización” en el movimiento 15-M. Decimos que somos seres humanos y no mercancías en manos de políticos o banqueros. Por la misma razón, podemos pensar que un policía es mucho más que su “función” y dirigirnos así a su humanidad (cuando tratamos de entablar diálogo o les recordamos que ellos también están hipotecados, pero también cuando les gritamos “vergüenza” ante un desahucio o una redada).

¿Violencia y no violencia son compatibles? La experiencia dice que la violencia se coloca siempre en el centro de lo que ocurre, como si fuera un torbellino que succiona y arrastra todo lo demás. La noviolencia puede expresarse de muchos modos, la violencia sólo de uno. En las acciones noviolentas cabe mucha gente distinta, en las acciones violentas siempre participa un tipo de gente muy determinada (hombre, joven, con papeles, etc.). Queremos afirmar, tanto en las formas de organización como en los modos de estar en la calle, los rasgos de nuestro ADN: horizontalidad, apertura, multiplicidad.

Perder la iniciativa, perder la pluralidad, perder la imprevisibilidad implica perder la fuerza. Fuerza es radicalidad. La noviolencia es lo que nos ha hecho y nos hace más fuertes y más radicales. Destrozar sin destrozar es la mejor destrucción.

Las victorias del #15M

Por Óscar Simón. El presente artículo no pretende analizar exhaustivamente lo que ha sido el Movimiento del 15M, ni del camino a seguir por el mismo simplemente pretende explicitar, frente aquellos que lo infravaloran, las victorias conseguidas por el mismo hasta ahora.

La gestación del Movimiento

A principios de 2011 cuando más arreciaba la crisis, las revoluciones del norte de África especialmente en Túnez y Egipto, electrificaban el ambiente, traían una vez más al escenario de la historia la acción revolucionaria de las masas. La valentía y la determinación de las gentes del norte de África resistiendo en las plazas, organizando huelgas y protestas masivas hasta derrocar a los dictadores fue contemplada en directo por millones de personas en el mundo entero. Las victorias de Tahrir llenaron los bares, los centros de trabajo y de estudio, las calles, de debates sobre la capacidad de luchar y vencer. Valga recordar que el primer campamento de este ciclo de luchas tuvo lugar en el Sahara Occidental en Gdem Izik en noviembre de 2010, fue el llamado “Campamento de la dignidad” donde miles de Saharauis se agruparon para luchar por sus derechos.

A la vez, la luchas en Grecia contra los planes de Austeridad y la victoria en Islandia, que ha llevado a no pagar la deuda, a encarcelar a algunos banqueros y a juzgar al presidente, llegaban a miles de personas y de alguna manera, contribuían a agrietar el muro de apatía y resignación que atenazaba a la sociedad española, de alguna manera influía en la subjetividad social. Sociedad golpeada por un paro altísimo, la lacra de los desahucios, un gobierno “socialdemócrata” aplicando políticas neoliberales y unas centrales sindicales mayoritarias, que después de convocar una huelga general el 29-S habían entrado vergonzosamente al pacto social, aceptando sin luchar el recorte de las pensiones. En este contexto, la manifestación de la plataforma Juventud sin futuro bajo el lema “Sin Casa, Sin Curro, Sin pensión, Sin miedo” conseguía aglutinar, con métodos inspirados en cierta manera en ‘V de vivienda’, a algunos miles de personas en varias ciudades del estado, especialmente en Madrid, superando el techo de cristal de la izquierda radical.

El 14 de abril, una concentración de trabajadores del sector público contra los recortes en la plaza Sant Jaume de Barcelona, contó con cerca de 30.000 personas que, desbordando la convocatoria sindical, convirtieron la concentración en una manifestación que cortaba la Ronda del Litoral (una de las principales arterias del tráfico de la ciudad) y acababa en la fuente de Canaletes, donde un manifestante llamaba, quien sabe si premonitoriamente, a convertir la plaza de Catalunya en la plaza Tahrir. El sábado 14 de mayo por la mañana, ya en plena campaña por las municipales cerca de 80.000 personas convocadas principalmente por los sindicatos y las organizaciones de la izquierda parlamentaria se manifestaban en defensa de los servicios públicos. Es necesario destacar la gran presencia de personal sanitario y, por primera vez, de la comunidad educativa agrupada en el movimiento “Marea Amarilla”. El 15 de mayo por la tarde, Democracia Real Ya y Juventud sin Futuro convocaban una manifestación que reunía a decenas de miles de personas en diferentes ciudades, siendo la más numerosa la de Madrid (unas 50.000 personas) y 15.000 en Barcelona. Esa misma noche, un grupo de cientos de personas decidió acampar en Madrid, en Barcelona no sucede hasta el lunes que 40 personas deciden quedarse a dormir en Plaza Catalunya. La madrugada del 17 de mayo, a las 5:00 de la mañana, los agentes antidisturbios de la policía nacional en Madrid desalojaron a los acampados pero estos no abandonaron y la tarde del mismo día miles de personas recuperaron la Plaza del Sol.

Es en este momento cuando las energías sociales acumuladas que permanecían invisibles fructificaron en cientos de acampadas masivas a lo largo y ancho del Estado y luego del mundo. Se desencadenó un proceso democrático impresionante que cambió totalmente el panorama político y social del Estado español, uno de los 20 países más ricos del mundo. Continúa leyendo

Francesc Camps o la política entendida al revés

La fotografía que el 20 de julio publicaba el diario El País para ilustrar la noticia de la dimisión del beatífico soldado de Dios Francesc Camps, ex-Molt Honorable, no es más que una escenificación chusca de la pasión de nuestro señor Jesucristo. Francesc Camps, soberbio, iluminado por la luz del espíritu santo que sólo toca a los elegidos, se dispone a una crucifixión controlada y anestesiada, mientras Rita Barberá, esa Alcaldesa mezcla de Jefa Provincial de la Sección Femenina y de una María Magdalena trabucaire, asiste con rabia a un acto que considera a todas luces injusto, como una madre que ve escarnecido al hijo querido. A la izquierda, Federico Trillo, el hombre del Perejil y de otras cosas menos cómicas por las que jamás dimitió, como Poncio Pilatos, reconoce con aplauso superficialmente conmovido, el sacrificio del hombre bueno que siempre fue su amigo Francesc Camps. Examinando bien la magnífica fotografía de Tania Castro no se sabe bien cuál es el juego, más cuando se prohibió a las cámaras de televisión grabar el acto en que el presidente valenciano dimitía, más cuando dos de sus más íntimos colaboradores han reconocido su culpabilidad, total, sólo se trata de pagar unos pocos millones de pesetas, dónde tanto ha corrido, qué más da.El asunto de los trajes no es algo anecdótico, ni un pequeño descuido, ni una confusión, es un ejemplo más del nivel de degradación a que ha llegado la vida política de este país gracias al ingreso masivo en la dirección de los asuntos públicos de personas que tienen un extraño sentido de la ética y una comprensión torcida de lo que forzosamente tiene que ser un político, ni más ni menos que un servidor público. Durante los tres últimos lustros, en la Comunidad valenciana la política se convirtió en algo pequeño, pueblerino, opaco y, aunque parezca contradictorio, despilfarrador. Se trataba según Zaplana y Camps –dos hombres y un destino- de poner a Valencia en el mundo a través de inversiones multimillonarias que, sobre todo, diesen lustro a la capital, dentro de un nuevo centralismo que nada tenía que envidiar al de la Villa y Corte en tiempos de Patas Cortas. Frente a proyectos megalómanos e innecesarios como la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Palacio de la Ópera, El Hemisferio, el Ágora, Terra Mítica, la destrucción del barrio del Cabañal, el aeropuerto peatonal de Castellón y la Ciudad de la Luz, tanto Zaplana como Camps emprendieron una política basada en el clientelismo y en la economía especulativa del dinero fácil que ha destruido buena parte del tejido industrial de una de las zonas más prósperas de España. Abandonada la industria productiva, esquilmada la agricultura, exhaustas las arcas públicas con tanto dispendio y compadreo, a vista de pájaro la Comunidad valenciana muestra hoy esos grandes proyectos faraónicos como los restos de un naufragio que nunca tuvo que suceder si se hubiesen mantenido unos parámetros racionales de crecimiento y de gasto en las cosas verdaderamente necesarias y con futuro. Mientras se gastaban millones y millones de euros en la construcción de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la provincia de Alicante se llenaba de chabolas –contenedores del puerto con ventanas, para que nos entendamos- dónde se metían a miles de profesores y escolares para que se labrasen un futuro en las mejores condiciones; mientas se dilapidaban cantidades ingentes de dinero en la construcción del Palacio de la Ópera –algo imprescindible para el progreso y el bienestar de la ciudadanía-, las escuelas públicas tenían carencias tan increíbles como carecer de biblioteca o de recursos para pagar los recibos de la luz; mientas se daban montones de euros a los curas para que construyesen fastuosos colegios concertados, la enseñanza pública agonizaba en edificios ruinosos o tercermundistas; mientras se entregan cantidades desmesuradas a Julio Iglesias en concepto de nosequé, los barrios de las ciudades valencianas sufrían un deterioro imparable de manos de la exclusión social; mientras se gastaban barbaridades en organizar una carrera de niñatos de fórmula uno en un circuito urbano de Valencia, se externalizaban servicios sanitarios esenciales y hasta hospitales enteros como el de Alcira, mostrando así el camino que seguirá el gobierno central del Partido Popular en cuanto termine de conquistar lo poco del poder que todavía no tiene.

La Comunidad Valenciana, bajo el mandato de Eduardo Zaplana, hoy alto cargo de la Telefónica de César Alierta, y de Francisco Camps, ha vivido narcotizada, en un estado de catalepsia, como esperando de nuevo la llegada de aquellos años en que en cualquier esquina se podía dar un pelotazo. Empero, estos hombres y sus compañeros de viaje han hipotecado para muchos años el futuro del país. Lo de los trajes es el síntoma de la enfermedad, el grano que sale a la superficie y avisa de que algo que no es bueno ocurre en el interior del cuerpo, la punta del iceberg que esconde bajo la superficie del mar un volumen muchísimo mayor del que nuestros ojos ven. La Caja de Ahorros del Mediterráneo, una de las más grandes y rentables de España hasta hace unos años, está a punto de ser nacionalizada por un Estado acuciado por los desmanes de tanto irresponsable, en una situación parecida se encuentra Bancaja, ahora asociada a Caja Madrid en Bankia. Dos entidades de ahorro de primera fila, dirigidas por los hombres de Zaplana y Camps, están atravesando dificultades tremendas y postergan por esa situación a la que se les obligó, la recuperación económica de una tierra que dependía mucho del crédito de esas dos entidades. El panorama desde el puente no puede ser más desolador, de la nueva California –como les gustaba llamar a Valencia hace unos años- estamos pasando a la nada, sin que nadie, absolutamente nadie dimita ni por poner en la picota a esas dos instituciones, ni por secar las arcas públicas, ni por que te toque la lotería un puñado de veces, ni por las tramas de corrupción que anidan que hacen irrespirable el aire que respiramos.

Hoy siguen en pie, a modo de burla, esos monumentos al despilfarro que son la Ciudad de las Artes y las Ciencias, Terra Mítica o el circuito de Fórmula Uno. Mientras tanto, no hay de dónde sacar un duro para reflotar una economía que necesita con urgencia oxígeno, cantidades enormes de oxígeno, ni manera de dar trabajo a los miles de personas que deambulan desesperadas entre las urbanizaciones que nunca fueron habitadas. El asunto de los trajes no es un asunto baladí, es el símbolo de lo que ocurre cuando la política se entiende al revés.

Pedro L. Angosto

Artículo publicado con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Un sistema que nos hace pensar

[La traducción del alemán de este artículo no es muy afortunada. A esto se añade el hecho de que algunos juegos de palabra traducidos literalmente pierden toda su expresividad. Tened paciencia]

El ahogado todavía no se ahogó, le tiraron un salvavidas y de ahí se agarró. Sí, verbo agarrarse, no hay otro. El tema tuvo a toda Europa en ascuas. Pero el remedio… ¿curará la enfermedad o se va a contagiar todos? Esa es la pregunta. El jueves, los países europeos le tiraron el salvavidas a Grecia, un país enfermo hasta los tuétanos. La solución: más préstamos, más deudas, más intereses. Con todo lo que trae eso. La aspirina la trajeron Alemania y Francia, los dos países cuya economía mejor va en el continente. Porque no es sólo Grecia la que no encuentra salida con las deudas y los problemas en lo económico y, por supuesto, en lo social. Sino también Portugal, España y ahora la Italia de Berslusconi, ése que cuando subió dijo: “Más capitalismo, porque el capitalismo soluciona todo”. Sí, así de sencillo, es la comprobación a la que se ha llegado después de siglos de búsquedas y promesas. Hablamos de Europa, pero ¿Estados Unidos a qué punto ha llegado? Parece un cuento fantástico, una fantasía insuperable: Estados Unidos tiene una deuda con China de 1152,5 millones de dólares. Sí, con aquella China donde en la década del ’30 del siglo pasado se morían de hambre dos millones de personas por año. El total de deuda externa de Estados Unidos es de 4,49 billones de dólares. Hubo voces el jueves en Bruselas que dijeron: ahora, luego de ayudar a Grecia nos va a tocar ayudar a Estados Unidos. Los diarios europeos, en las últimas semanas, han descrito con preocupación la situación en Estados Unidos con noticias de este tipo: “Cincuenta millones de ciudadanos estadounidenses pasan hambre. Muchos de ellos a pesar de que trabajaron toda su vida”. Es decir, la falta de ayuda social y el crecimiento de la pobreza es aguda en el Estado que mantiene tropas de ocupación en cuanto país extranjero se le ocurra. La situación financiera de Estados Unidos podría ocasionar una crisis financiera mundial, han señalado ya economistas europeos y asiáticos.

El conocido historiador estadounidense Fritz Stern fue preguntado por la prensa europea si la actual crisis económica de Estados Unidos y de varios países europeos podría significar el final del capitalismo. Stern respondió: “El final, no. En diversas épocas existieron distintas versiones del capitalismo y no estoy convencido de que la actual sea la peor de todas. Pero es lo que el ex primer ministro alemán Helmut Schmidt calificó de ‘capitalismo de rapiña’. Es sin duda malo y peligroso por encima de todo. Un capitalismo ‘domado’ se me ha presentado a mí como una forma eficiente para gobernar. Aunque tal vez pueda haber un sistema nuevo, es muy posible. Es decir, un Estado con una fuerte responsabilidad para lo que hoy se denomina red social o lo que se llama ‘asistencia social’. En una palabra: el ‘estado benefactor’ con un sistema social de seguros. Su eliminación, desde el punto de vista ideológico, empezó con la Thatcher y con Reagan. En Estados Unidos no se ha tenido en cuenta el inmenso deterioro que ha producido Reagan. Democracia también quiere decir justicia social”.

Sí, pero además es un sistema que traspasa los límites de todo racionalismo al no defender el equilibrio de la naturaleza. Si no fuera por la reacción de ciertos sectores sociales, la depredación hubiera llegado a límites insostenibles. Ese es otro aspecto que debemos tener en cuenta en el sistema actual.

Pero no nos quedemos en Reagan y la Thatcher, vayamos al mejor alumno de ellos, el italiano Berlusconi. ¿Qué sociedad ha creado? La socióloga Kordula Doerfler ha llevado a cabo un profundo análisis de la sociedad italiana actual: “La economía italiana se ha paralizado, hasta los empresarios que apoyaron a Berlusconi exigen hoy más impulsos y más disciplina en que se cumplan las leyes. Uno de cada dos italianos menores de 35 años trabaja hoy en condiciones precarias, inseguras y gana menos de mil euros por mes. Un 20 por ciento de los italianos menores de 30 años no tiene trabajo, y para los que tienen menos de 25 años esa posibilidad crece a un tercio. Miles de puestos de aprendices fueron eliminados y la reforma universitaria de Berlusconi es vista nada más que como una medida de ahorrar fondos”. Berlusconi acaba de declarar que cuando termine su mandato se retira. Es una forma de salvar la piel, después de él, “que venga el diluvio”.

Pero vayamos de Berlusconi a Alemania, que tiene la fama de ser el país mejor organizado de Europa. El 20 de julio pasado, todos los organismos de información germanos informaron que desde el año 2000, los empleados ganan, neto, menos que antes de ese año. Se calcula que perdieron el 2,5 por ciento de lo que ganaban antes, en promedio, pero en los empleos de menor nivel esas pérdidas alcanzan del 10 al 22 por ciento de los sueldos. Pero eso sí, el número de los millonarios en el mundo aumenta con toda fuerza. Todo esto duele mucho a la intelectualidad alemana que ha criticado abiertamente la venta de armas alemanas a países en conflicto. Los doscientos tanques a Arabia Saudí, y ahora, peor todavía, a un país africano como Angola. A esa Africa que se muere de hambre se le venden armas. Un gobierno demócrata-cristiano y liberal, de acuerdo con los nombres de los partidos que lo integran.

Hace pocos días, la Argentina condenó a prisión perpetua a los militares del campo de concentración El Vesubio. Allí estuvo detenida, durante la dictadura de Videla, la socióloga alemana Elisabeth Käsemann, hija de uno de los teólogos germanos más famosos. Elisabeth fue sacada de ese lugar para ser asesinada por fuerzas militares en un supuesto tiroteo. En Alemania hubo gran indignación por este crimen. Pero igual el gobierno alemán le vendió a la dictadura militar argentina seis submarinos y dos fragatas. Ante la protesta unánime, el primer ministro de aquel entonces, Helmut Schmidt, declaró que se había aprobado esa venta de armas a la dictadura argentina porque así buena parte de los desocupados de la ciudad alemana de Cuxhaven iban a tener trabajo. Aquí cabe una sola pregunta: ¿Y la ética, señor primer ministro?

Como vemos, un mundo que necesita resistencia para alcanzar que prevalezca la moral por encima de los negocios. Lo acaba de sostener el Premio Nobel de Literatura, el escritor alemán Günther Grass: “Estamos en crisis, una crisis que está tejida entre otras crisis: el aumento irrefrenable de la población mundial, la crisis creada por la falta de agua, el hambre y la miseria que ha originado miles de refugiados, y también los cambios climáticos ocasionados por el ser humano. Las presencias del cansancio y decadencia en nuestra Nación nos ofrecen un motivo suficiente para dudar si todavía nuestra Constitución nacional nos garantiza lo que nos promete. El haber caído en una sociedad de clases con una mayoría empobrecida y una clase alta acaudalada, con una deuda con una cima que mientras tanto ha sido cubierta por nubes de ceros, la incapacidad y el desmayo simulado de los parlamentarios elegidos libremente frente al poder de las organizaciones de intereses propios, y no por último el golpe por la espalda de los bancos, hacen necesario, con toda premura, que pongamos en duda a este sistema. ¿Debemos seguir aceptando el mercado, las ganancias y el consumo como dogmas religiosos?”.

Una pregunta para pensar y encontrar una respuesta.

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-172862-2011-07-23.html

Poema.- Caminando hacia Sol (por Rafael Campillo)

Caminamos con ilusión y alegría
Con la mirada puesta en un futuro
Donde soñar no esté prohibido
Salimos a la calle, a las plazas
Recorremos caminos y veredas
Y enseñamos por fin sin miedo
Allá por donde pasamos
Nuestras sonrisas al viento

Vamos lentos abriendo puertas
Templando las cuerdas
De resecas gargantas
Nuestras pisadas son seguras
Sabemos a donde nos dirigimos
Y como dicen nuestros acompañantes
Caminamos despacio, sin detenernos
Porque vamos muy lejos
Nos anima y alienta la esperanza

Dedicado a lxs esforzadxs componentes
De las “marchas indignadas”
Rafael Campillo

Los antisistema siguen siendo ellos

[10 puntos de aviso para los actores y grupos expropiadores sobre la ruptura del contrato social y del pacto constitucional]

La sabiduría hace a las personas tímidas, por lo cual veis fácilmente a los sabios en la pobreza, en la estrechez y en la oscuridad, despreciados, desconocidos y olvidados. En tanto a los estultos afluye el dinero, tienen en las manos la gobernación del Estado y, en fin, prosperan de todos modos”.
Erasmo de Róterdam (Elogio de la Locura, LXI)

A los dos meses del 15-M no sólo se puede hacer un sobresaliente balance en cuanto a movilización, empatía colectiva y catarsis política sino también en cuanto a la recuperación de conceptos democráticos esenciales, que han estado siendo expropiados por los actores fácticos de poder con la complicidad del institucionalismo partitocrático. Una dinámica perversa acelerada en estos últimos años y que se muestra casi histérica como patentiza lo ocurrido en estos últimos días.

Por un lado estaban (estamos) las gentes-15 M que tuvieron el valor de tirarse a la calle y en la calle para pedir simplemente democracia real. Por otro lado estaban (están) ellos, los que nos miran con desprecio o ira, los que nos impugnan como ignorantes, ingenuos o erráticos para, finalmente, escupirnos el clásico estigma: antisistema.

Sin embargo, una vez más, la realidad se ha escrito al revés. Una vez más mienten: no había una sola reivindicación en los textos base de Democracia Real Ya, -los que dieron origen a la movilización- o en los austeros comunicados finales de las acampadas, que no se inscriba en el espíritu constitucional y que no tengan reflejo directo en su articulado o en su teoría general. Mienten cuando intentan hacer pasar por peticiones del movimiento lo que son polimorfos debates sobre centenares de temas a modo de sugerencias individuales, que se plantean en un ambiente asambleario, abierto y que, por definición, son asistemáticas, dispersas y numerosas. Ambiente deliberativo que por si mismo es ya el objetivo principal de la movilización, sin pretender ni querer llegar en treinta días a un infalible recetario político. Pero ha quedado muy claro que no se puede pedir a una buena parte de la clase política, mediática o académica que sepan entender en qué consiste la deliberación, las dinámicas asamblearias y ni tan siquiera los rudimentos participativos.

Mienten también cuando hablan de que el objetivo es la demolición de las instituciones y de la democracia representativa cuando, más bien es al contrario. Un objetivo fundamental del movimiento es su catarsis, proporcionalidad representativa, control ciudadano y ejercicio transparente.

La realidad que han ignorado es cómo las movilizaciones son, ante todo, una rebelión constitucional que alerta sobre la demolición de las esencias constitucionales y la consolidación de sus excrecencias. Reivindican el hecho constitucional bajo presupuestos muy básicos, que ahora están siendo sistemáticamente demolidos por la clase política y por la clase económico-social hegemónica. Estos últimos venden un texto constitucional florido y edulcorado, se parapetan y legitiman en un documento solemne para, una vez que éste es procesado normativa y administrativamente, dejarlo reducido a despojos y deshechos, bajo una estructura orgánica epatante, coronada con la púrpura dinástica de los verdugos de nuestros antepasados. En este sentido, ellos y sólo ellos son los auténticos anti-sistema. Continúa leyendo

Una etapa de la Marcha a Madrid (Molina de Aragón)

Hola. El pasado dia 13, durante mis vacaciones en Molina de Aragón, tuve la suerte de coincidír con la llegada de la gente de la marcha que llegó desde Barcelona a este pueblo de Guadalajara. Asistí a la asamblea que la gente del pueblo había convocado dias antes con carteles por todos lados.
Les transmití la solidaridad y apoyo de Alicante en mi intervención, y creo que les dió un estímulo importante, ya que están haciendo un esfuerzo casi heróico, pues vienen con lo puesto, delgados, con la ropa y los zapatos muy desgastados, pero con unos corazones que aguantan todo y rebosan generosidad y convicción en la causa. Fué un regalo estupendo para mi cumpleaños ese día el compartír unas horas con ell@s.

José Carratalá ( Del grupo de Educación)

Vídeo.- “Llegan Voces” (canción de Carmen Martín)

Me llamo Carmen Martín.

Desde que se iniciaron los movimientos democráticos en los países árabes, quise dedicarles una canción. Las acampadas en la Puerta del Sol me convencieron de que tenía que hacerlo.

En este proyecto me han ayudado dos grandes músicos: el guitarrista Miguel Iven, coautor de la canción, y el percusionista Conny Sommer, que le ha puesto ritmo y la ha mezclado. La diseñadora Victoria Pascual ha elaborado un video precioso que ya puede verse en Youtube:

Todos estos profesionales han trabajado sin ánimo de lucro para que canción y vídeo circulen gratis en internet. Esperamos que os guste nuestra canción.

Llegan Voces es un canto de agradecimiento y de apoyo a toda esa gente que, indignada, ha salido a la calle a pedir democracia real. ¡Ya!

Notas de trabajo para una revolución

Fragmentos de “Notas para una revolución”, un texto de Simona Levi que puedes leer entero aquí

(…)

Últimamente estamos diciendo:

sé radical, pide lo posible.

Aquí llega un aspecto violentamente confrontativo con un sector – pequeño, por suerte – del movimiento 15M. Si se me permite una simplificación un poco caricaturesca debida a la exasperación por la cantidad de horas que hemos dedicado a debatir con él, este sector está constituido por los que consideramos el verdadero problema. Trolls a parte, estoy hablando por un lado de los radicales “puros”, que piensan que el sistema no se puede reformar – hasta aquí de acuerdo – pero que también sabotean los intentos de utilizar demandas reformistas como arma de guerrilla; y, por otro lado, de los “intelectuales críticos”, que no se ven mucho por las asambleas porque están ocupados rescribiendo la historia con texto del tipo “Ahora, ¿qué? Un 19J pacífico destruye el potencial revolucionario”.

Nosotros pensamos que las demandas de reformas destruirán el sistema actual, porque el sistema está preparado para encarar enemigos pero no para que estallen sus propias contradicciones internas.

Encarar el sistema a un imposible ontológico, “destrúyete”, ya le ofrece su defensa, la de ser tu antagonista. Si fuerzas a un sistema cerrado en torno a sus privilegios a “mejorarse”, solo le queda la deserción y la fuga como salida. Todo sabemos que al enemigo hay que dejarle una vía de salida si queremos ganar.

También debemos aprender a ganar. En estos días de grandes victorias vemos claramente lo que cuesta aceptarlas como tales.

No sabemos ganar. Quien magnifica el enfrentamiento no consigue hacer porque el enfrentamiento es su hacer. Ahora que estamos ganando se deben abandonar posturas de trinchera desde la libertad de mediar con nuestras dependencias sin necesidad de destruir.

Siempre que hay transformación hay pérdida, también en los cambios positivos, y no por eso no han de producirse. Tenemos que ser conscientes de ello para sobrellevar la nostalgia.

Lo que ha destruido grandes experimentos revolucionarios es el miedo interno a lo nuevo; por eso nos interesa la cooptación de nuestro mensaje, y nos interesa asumirla como una victoria.

Quizás esto que voy a decir sea un poco islandés, pero lo comparto con mucha gente del movimiento del 15M.

Si en tan solo un mes los políticos han dado ya varios pasos intentando copiar o aplicar nuestras demandas, nos debemos alegrar y marcarlo como victoria.
Con VdVivienda no nos marcarnos este tanto cuando la Chacón puso la “ayuda para jóvenes”. Es difícil marcarse como un tanto una tal infamia pero el no hacerlo posiblemente fue lo que nos hundió entonces.

Porque la acusación que más daño nos hace, ya que nos hace perder comunicación con gran parte de la gente, no es que seamos unos violentos, sino que seamos una chavalada que protesta sin nada que proponer e incapaz de gobernarse.

Claro que los políticos que intentan picotear de lo que decimos lo hacen mal, claro que lo hacen por populismo, pero están siendo obligados a hacerlo porque así lo hemos exigido. Claro que es una payasada, pero debemos celebrarlo como victoria, cada vez, porque demuestra que nos tienen miedo, porque, nos guste o no, somos votos, y perder votos es el despido para ellos. ¿No era lo que queríamos, despedirlos?

Nuestra fuerza es introducir dudas en sus cabezas, pesadillas, pensamientos de justicia que nunca se hubieran imaginado llegar a tener. Quebrar su estructura psíquica, su tranquilidad intocable.

Las técnicas de escrache son esenciales.

Es curioso ver que los que niegan está opción táctica, luego defienden fervorosamente las protestas contra las retallades, los recortes, como si esta no fuera la demanda más reformista y como si antes de las retallades el mundo hubiese sido bueno.

Esta guerra es una guerra del lenguaje

El primer cambio ha de ser en el lenguaje, desde una profunda autocrítica. Ya no podemos complacernos en el martirio de pedir lo imposible; hemos de evolucionar de nuestro papel de antagonistas perdedores. El propio lenguaje que utilizamos es incomprensible para hacernos los incomprendidos.

Tenemos que ser responsables de nuestros actos.

Si no somos leíbles para la mayoría, ayudamos a la fascistización de la sociedad.

Por la euforia y luego la fuerza que nos dio vernos unidos en tan grande multitud en el movimiento 15M, algunos están intentando imponer estéticas y lenguaje, dogmas que están en el tintero y que repiten como mantras desde hace ya muchos años. Es normal, son palabras por las que hemos luchado mucho y a las que tenemos mucho apego, pero son palabras muy connotadas y marchitas.

Que se me entienda bien, por favor: una cosa son las palabras y otra las ideas, que pueden ser excelentes pero que a menudo se pueden expresar, digamos, con sinónimos, teniendo al fin y al cabo el mismo objetivo.

El consenso masivo que hemos alcanzado con el movimiento 15M justamente no viene de ninguna de las palabras que llevamos años repitiendo.

Las palabras nuevas son, por ejemplo, “Islandia” o “Indignaos”, un librillo flojísimo en los contenidos pero que introduce un imaginario inclusivo y una palabra todavía sin explotar.

Nos estamos confundiendo; no estamos ganando por lo que siempre hemos dicho, sino por lo que siempre hemos defendido dicho con otras palabras y en un orden de menor a mayor: primero viene la abolición práctica de privilegios y luego la justicia global. Así nació el 15M y esta es su ola, queramos o no.

Lo que llevamos tiempo defendiendo ya conforma esta ola, cae por su propio peso y debemos decirlo con estéticas y palabras nuevas, ganadoras.

Las antiguas solo evocan derrota y división y ahora es el momento de la victoria y de una infinita diversidad con unos pocos mínimos comunes denominadores. Una asociación global de egoístas reformistas radicales.

Hemos de estar presentes a todos los niveles. Debemos trabajar la implementación de la democracia directa pero también desmantelar el poder existente por dentro y su imagen mediática y memética. Hemos de ser tácticos con las palabras y con los actos. Pensar una acción por el resultado real y concreto que quiere obtener, no por razones viscerales o de justicia en abstracto…

Si le pides a la gente que odie su forma de vida se pondrán en tu contra; si compartes el odio por las mismas frustraciones, seremos invencibles.

Como dicen muy banalmente los islandeses, “ocupar los medios para ganarse a la gente que mira la tele”.

¿No queremos este gran consenso? ¿Qué pasa?, ¿no queremos mezclarnos con el pueblo? Si usamos el lenguaje que entiende la mayoría, naturalmente estaremos usando un lenguaje copado por el sistema. ¿Y? ¿Cuál es el problema?
Lo que pide la gente (y yo me incluyo) es comprender las leyes que nos rigen. La gente empieza a ver que las leyes son textos accesibles y bastante surrealistas, escritos por simples mortales muy asustados de perder algunos de sus privilegios. Esta es la base del gran empoderamiento de las personas en este momento.
Ya no le tienen respeto a la ley y no me refiero a la idea de ley, sino a la ley cosa. La leen y la comentan. Ya no delegan esta operación a los especialistas.

Nosotros hemos estado trabajando así ya desde los tiempos de la ordenanza contra el civismo (2005).

La parte principal de juego para nosotras es estudiar la ley, comprenderla, explicarla con otras palabras, ponerla en ridículo, hackearla para inutilizarla, destruir su autoridad sustituyéndola por otros cauces positivos que, finalmente, sean cooptados con el mal gusto y retraso que caracteriza al sistema, haciendo tabula rasa de lo anterior.

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